miércoles, 28 de mayo de 2008

Capítulo 06: La Reina De Historias Antiguas

El viento aullaba gravemente a través de pasillos antiguos cubiertos de polvo y memorias muertas, salones gigantes de colores desteñidos hasta liberarse de su elegante prisión de roca a través de los balcones vacíos que antes sostuvieron personas especiales por sus títulos de realeza. Un majestuoso castillo plateado opaco dotado de numerosas torres e increíbles dimensiones, una obra maestra de tiempos de guerra y nobleza ahora enterrados en sus cimientos yacía omnipotente en una tierra olvidada siendo ahora poseída por un ser cuya existencia era más importante y trascendental a la de un rey. Alguien aun más especial ocupaba el balcón más alto ahora.
Era una mujer, alta y poseedora de una belleza incomparable a cualquier otra, joven al reflejo de su cuerpo mas sin embargo mucho más madura en su mirada fría, penetrante y de color rubí vivo como si fueran flamas danzando eternamente junto a su existencia. Dotada de una cabellera perfectamente lacia y tan larga que alcanzaba la cintura, brillaba con el mismo tono que sus ojos creando una figura de elegancia divina cuando se mecía junto a sus ropas con el viento. La cubría un vestido grueso y negro ajustado en cierto punto a su cuerpo cuando una segunda capa de tela roja resaltaba alrededor de él de una manera anormal asemejándola a una reina de ensueños.
Se apoyaba sobre el borde del balcón, mirada perdida en las montañas áridas y muertas poseídas por los vientos errantes de todas las tierras, cantando historias perdidas de tiempos lejanos. Un amanecer rojo nació a la distancia tiñendo de sangre las montañas sedientas creando rápidamente un mar bizarro congelado en el tiempo cuyo centro se encontraba el castillo transformando sus rocas muertas en armadura pulida rubí siendo un espectáculo verdadero para el ojo humano. Pero ella estaba acostumbrada a tal visión y no esbozó sonrisa alguna.
Un sonido abstracto nació a sus espaldas, del centro del balcón se creó una línea horizontal, negra y delgada que emitía un chillido abstracto, luego tornándose éste en una desfiguración como si el mismo sonido se deformara la línea se amplió poco a poco hasta que alcanzó la altura de una persona. Un portal negro ocupaba su lugar ahora y de él surgió caminando tranquilamente con sus manos en los bolsillos un ser cuya existencia, por muy similar que fuese, no podía clasificarse como humana.
A simple vista se podía decir que era un hombre de mediana estatura y delgado, de facciones atractivas y un aire de jerarquía insuperable. Su humanidad moría en sus ojos verdes y aun más fríos a los de la dama frente a él, naciendo de ellos líneas verdes que cruzaban sus mejillas como lágrimas secas. Algo curioso de él era una máscara rota que portaba que sólo abarcaba el lado izquierdo de su cabeza sin tapar su rostro, abarcando parte de su cuello hasta su hombro, con un cuerno solitario naciendo en a lado. Pero lo más peculiar de su físico era un elemento en particular ubicado en el centro inferior de su cuello. Un vacío, un agujero perfectamente circular cruzaba su cuerpo siendo éste no una herida pero un rasgo natural de su cuerpo. Sus vestimentas consistían en una hakama blanca y amplia, una chaqueta colosal por igual blanca, sandalias negras y en su cintura una faja negra que ataba una espada fundada de mango verde.
El portal se cerró inmediatamente y sacando las manos de sus bolsillos el personaje puso una rodilla en el suelo e inclinó la cabeza ante la dama.
- He regresado, mi Señora.
Una sonrisa surgió de sus finos labios rojos ante el anuncio de esa voz tan tranquila y áspera a la vez pero su mirada continuó siendo atraída hacia la nada.
- Tal siento, hijo mío. Vuestra pronta llegada alza más incógnitas que certezas y forzosamente he de preguntaros el por qué con el más mínimo detalle a resaltar de vuestra parte. Ahora decidme…
Lenta y agraciadamente giró y dio un paso bajando su mirada ante él, alzando la suya con su fina mano con una delicadeza similar al tratar una flor.
- ¿Qué ha sido de aquél que porta el nombre de Vega?
El hombre sostuvo la mirada de su Señora pero era obvio que alguna fracción infinitamente pequeña dentro de él hubiera elegido no hacerlo. Sin embargo su expresión fue, como siempre, apacible y calmada.
- El Golem ha muerto, mi Señora. Vega aun vive.
Sus labios se arquearon peligrosamente pero en contra de su voluntad logró reprimir una mueca mucho peor. Sus ojos brillaron de una manera extraña, ardiendo mucho más vivamente que antes reflejando las emociones en su interior.
- Explicadme.
- El Golem obtuvo contacto con Vega en las costas del oeste a no más de doscientas leguas de aquí e inició el ataque como ordenado. Sin embargo hubo una intervención inesperada.
- ¿Aliados, entonces?- explotó inesperadamente pero el joven no se afectó.
- En absoluto, en realidad mera coincidencia juzgando por el orden de ejecución de la serie de eventos ocurridos. Fue ella quien eliminó al Golem durante el contacto.
La mujer arqueó una ceja de interés.
- Xorsbew ha fallado en su intención de genocidio, al parecer. Sólo un grupo de Sheikahs sería lo suficientemente fuerte como para derrotar a ése Golem en especial. Hacedle saber de su error en cuanto arribe.
- Al contrario, ningún Sheikah actuó en esta escena sino una niña. Una niña Nómada.
La última palabra ocasionó una reacción drástica en la dama. Más de una vena resaltó de su rostro, sus frágiles manos se convirtieron en fuertes puños aferrándose a la nada e inexplicablemente la temperatura comenzó a ascender alrededor de ella. Su vestido ondeaba de manera diferente en contra del viento y la presión aumentó lastimando levemente al joven aunque éste resistía, inmune a toda reacción posible, manteniendo su posición y expresión tan perfectas como estatua de marfil.
- ¿Cómo osáis decir que una Nómada rompería el orden de naturaleza a tales longitudes? ¡Es inaudito, imposible! ¡No intentáis llamarme estúpida de una manera de inverosímil!
- No intento tal atrocidad, mi Señora, ésos fueron los hechos sucedidos. Sin embargo, la ley del Cambio de Dueño tuvo todo que ver en los resultados.
Tan repentino como fue el surgimiento de los cambios climáticos tan anormales fue su cesar siendo su ira reemplazada por incredulidad y curiosidad. Su vestido se holgó como antes y poco después fue presa del viento de nuevo. Giró su rostro hacia el rojo amanecer mordiéndose el labio mientras pensaba.
- Esa ley no puede ser aplicada fácilmente sobretodo si el primer dueño conserva la vida, mucho menos con Nómadas. Aun así yo no poseo todos los conocimientos sobre historias tan antiguas…
- Si me permite aclarar una de sus dudas, hubo una intervención más que me da motivos para juzgar que Vega, en efecto, tiene aliados.
- ¿En verdad? Eso cambiaría muchas suposiciones de nuestra parte, las consecuencias de su supervivencia podrían ser mayores entonces. ¿Alguna idea de su identidad?
Una breve pausa. El joven había calculado las consecuencias de esa respuesta, obviamente, y aun así existía duda en expresarla. Pero su lealtad, al parecer, era infinita a comparación de cualquier temor.
- Los Sanjin, mi Señora. No existe duda alguna de ello.
Su boca formó un círculo casi perfecto de asombro. Era certero, tal unión no podría provocar consecuencias benefactoras para ellos y sus pensamientos e ideas corrían a grandes velocidades en su mente pero nada era tangible. Necesitaba más tiempo para tomar una decisión.
- Habéis hecho bien como siempre, hijo mío, pero estos hechos sólo son imprevistos, no impedimentos. Os tengo una pregunta más. ¿Qué podéis decirme de aquella niña que tuvo papel en tal acto?
- ¿La Nómada? Fue incapaz de contener las habilidades de su arma, inclusive casi es destruida por ella. Sólo es basura.
La dama sonrió complacida.
- Entonces todo este asunto se solucionará por cuenta propia. Esa Nómada sólo puede traer muerte y autodestrucción con ese poder en sus manos y cuando todo se quede reducido a cenizas será tu trabajo en recuperar lo perdido. ¿Comprendéis, Ulquiorra?
Poniéndose de pie lentamente los ojos rubí de la dama encontraron su reflejo en las esmeraldas muertas del joven.
- Por supuesto, mi Señora.
- Espléndido- respondió con una amplia sonrisa-. Podéis retiraros.
Ulquiorra asintió levemente y alzando su brazo derecho chasqueó sus dedos. Una débil línea familiar se creó a sus espaldas y tras una deformación de sonido el portal yacía abierto. Pero no lo atravesó.
- Con su permiso, me gustaría saber qué ha sido del Señor. Su presencia no nos ha dignado desde que los X nos congregamos por última vez hace algo de tiempo.
La dama sonrió una vez más de manera algo forzada y se acercó al la orilla del balcón dándole la espalda.
- El Señor es un hombre muy ocupado tal como su título le otorga. Os aseguro que vuestras sanas intenciones y vuestra preocupación hacia Él le harán recordar que vos sois su Daeva más leal. Sin sonreír siquiera ni responder en palabras mostró una cordial inclinación como despedida y agradecimiento y girando lentamente con sus manos nuevamente en sus bolsillos cruzó el portal desapareciendo junto a él. Pero la dama sabía el efecto de cada una de sus palabras y sabía, a su vez, que la sonrisa de complacencia tiene más de una manera de manifestarse.

No hay comentarios: