viernes, 22 de agosto de 2008

Capítulo 09: Eclipses Que Trascienden

Un relámpago lejano partió el cielo nocturno señalando el final de una tormenta más y el comienzo de otra sobre el mar de rascacielos negros, la ciudad eternamente oscura de Feremuth, la prueba de la cúspide de tecnología militarizada de Zimitra.
Teñida por luces verdes en cada poste de luz e iluminaciones en sus edificios su aspecto lúgubre siempre era predominante cambiando sólo de día por deprimente cuando el casi insignificante sol apenas se filtraba en las nubes tornando la ciudad grisácea. A pesar de sus enormes dimensiones y tecnología avanzada Feremuth sólo era frecuentada por extranjeros en términos de negocios siendo en su mayoría ilegales por el lado justo de la ley aunque aun así permitidos por su lado corrupto.
Los toques de queda con soldados armados desde ametralladoras hasta visores infrarrojos patrullando las calles gran parte de la noche habían inyectado miedo entre los habitantes ya que éstos tenían ordenados disparar a cualquier individuo que encontrasen, ignorando distinción de edad o sexo. Pero al parecer había alguien en particular que ignoraba las leyes esa noche.
Era una figura pequeña y ágil conocedora de las sombras de la ciudad cruzando calle tras calle con un silencio casi nulo siendo muy difícil de percatar inclusive para el mismo ejército. Ocultaba sus colores con una capucha negra siendo solamente visibles los finos guantes blancos que surgían a la vista cada vez que corría aunque el verdadero éxito de su invisibilidad era el hecho de que conocía las rutas y horarios de cada escuadrón.
Al fin había alcanzado la calle principal pero, como era de esperarse, era de las más frecuentadas por los soldados siendo movilizados mediante carros blindados y motocicletas con armas de alto calibre ajustadas a ellas todos portando el símbolo de dos serpientes entrelazadas alrededor de una espada siendo el escudo de Feremuth. Los soldados portaban un traje de una solo pieza similar a hule negro y sobre él se ajustaban el cinturón y chaleco que portaban las armas pequeñas y su respectivo casco que poseía un visor negro que cubría completamente sus rostros dependiendo la visibilidad del soldado completamente en las pantallas dentro de éste. La superación de la tecnología tendía a la degradación de los sentidos del hombre, al parecer.
Después de analizar la situación tediosamente concluyó que debido al nivel de vigilancia le sería imposible cruzar la calle principal sin ser vista y tomar desviaciones provocaría que no llegara a tiempo a su destino así que no tenía otra opción más que forzar una oportunidad. De las profundidades de sus ropas extrajo una esfera de cristal tan pequeña como una naranja con un líquido negro nebuloso girando dentro. Calculando el momento preciso lo arrojó suavemente sobre la banqueta rodando lentamente pero sin dificultad hacia el carro militar más cercano sin ser visto por nadie debido a su tamaño, directamente hacia la llanta del vehículo en movimiento.
Nadie se lo esperaba, apenas la esfera fue destruida y el líquido negro dentro de ella se expandió con una fuerza tan potente que volteó el carro hacia atrás y arrojando a todo soldado desafortunado a numerosos metros de altura. Pero el efecto más importante de la sustancia era la nube negra que se creó después de su contacto con el aire cubriendo la calle principal completamente y otras calles cercanas a ella, lo suficientemente densa que ni siquiera los soldados podían ver a través de ella con sus visores. Ésa era su oportunidad.
Perdiendo todo sigilo ahora innecesario cruzó la calle tan rápido como pudo escuchando los gritos de órdenes comandadas de no disparar a solo escasos metros de distancia sintiendo el movimiento rápido y desordenado de hombres apuntando sus armas ciegamente. Guiándose por memoria solamente prosiguió su camino a través de otra calle más pequeña, dobló una esquina, cruzó dos calles más y para cuando había llegado a la nueva área la nube negra ya había comenzado a disiparse. No se había equivocado, había alcanzado el parque de la ciudad y el punto de encuentro ya estaba cerca.
El parque era la zona más grande sin rascacielos de toda la ciudad, un recuerdo de lo que Feremuth alguna vez fue. El camino estaba hecho con ladrillo blanco amplio con numerosos árboles antiguos, faroles de metal aun funcionando y bancas de madera alrededor y un pequeño kiosco de ladrillo y loza en el centro. Un gran lago se extendía en el lado este del parque en donde habitaban numerosos patos y peces, pero eso había sido años atrás y ahora todo se encontraba abandonado por su gente y sus animales. La ciudad había ido muriendo a través de los años y nadie podía evitarlo.
Saliendo de sus pensamientos emprendió camino de nuevo adentrándose hacia las profundidades del parque siempre teniendo un ojo alerta. Puede que el parque no fuese del todo vigilado por los militares debido al poco acceso de los vehículos en él pero aun así éstos daban sus rondas a pie así que no debía bajar la guardia. Ya llevaba demasiado tiempo huyendo como para morir a manos de unos simios con armas.
Alcanzó el extremo del puente pocos minutos después y se detuvo en seco con miedo de lo peor. El no haberse encontrado a nadie en el parque le había sido demasiado extraño aunque tampoco podía descartar que su pequeña distracción no había obligado a los otros a pedir refuerzos. No lograba distinguir la presencia de nadie al otro extremo del puente pero a ese punto no le restaba opción que cruzarlo. Sus pasos rechinaban la madera vieja imposibilitándola de ir en silencio, manos tensas pero a la vez listas para actuar. El lago se encontraba tan oscuro que no lograba distinguir el reflejo de nada sobre él.
Rechinidos en el extremo contrario comenzaron a hacerse notar, alguien se acercaba lentamente hacia su encuentro. Manos rápidas salieron de su escondite una de ellos sosteniendo una esfera idéntica a la que había utilizado hacía tan solo unos minutos. No debía dudar en usarla.
- Luna Rhazi, deberías cuidar más de tus Esencias sobretodo en estos días de necesidad.
Suspiró aliviada. Aun si eso sonara como una reprimenda era mucho mejor a recibir un intento de disparo entre los ojos.
La persona misteriosa se volvió visible ante la luz de un farol del puente revelando un misterio aun mayor. Al parecer su existencia tampoco debía ser percatada ya que vestía una sotana negra con capucha similar a la de Luna pero con la diferencia de que tenía la cabeza descubierta revelando que portaba una máscara un tanto extraña. Ésta era blanca como el marfil y ambos perfiles eran diferentes siendo uno dueño de un ojo alegre con la mitad de los labios esbozando una mueca de agonía mientras el otro ojo tenía marcado una lágrima pero con la otra mitad de los labios siendo dueños de una sonrisa. No sólo eso pero su voz estaba deformada por métodos desconocidos y era imposible deducir si le pertenecía a un hombre o a una mujer. Lo único que restaba por distinguirse era el cabello que era lacio y negro cayendo hasta los hombros pero brillaba de una manera extraña dando la posibilidad de que hasta eso era falso.
Luna retiró la capucha de su rostro revelando su identidad. Era una mujer joven pero con la madurez en su mirada y el hecho de que portara anteojos redondos la hacían aparentar de mayor edad, cabello lacio y corto teñido de un color escarlata y ojos de color miel. Sus labios eran delgados y tenían una forma muy peculiar como si ella siempre sonriera muy levemente aunque un tanto triste.
Ambos personajes continuaron caminando hasta estar a cierta distancia prudente entre ellos pero con la frecuencia de sus encuentros esto se volvió más costumbre que precaución. Aunque Luna era quién no portaba máscaras ella tenía sus motivos en confiar en un completo extraño.
- La ocasión lo ameritaba. Últimamente la fuerza militar se ha comportado de una manera extraña, me he percatado de que han duplicado la cantidad de soldados que envían en el toque de queda y están ahora más armados que antes. Aun así… ¿qué noticias me traes del mundo exterior?
- Los Daevas han comenzado a moverse.
Se paralizó. Quizá en algún otro estado de humor no se hubiera sorprendido mucho pero viendo que su amigo anónimo siempre comenzaba con las noticias más optimistas comenzaba a dudar si quería saber las pesimistas.
- ¿Que ellos qué? No, es demasiado pronto.
- El clan Sheikah fue completamente devastado hace tan solo unos días y el príncipe del clan Orochi combatió contra el responsable.
- ¿Y lo derrotó?- interrumpió entusiasmada.
- No. Aunque logró escapar ya tienen en la mira a su Reliquia y ya han localizado otra. Inclusive en este momento los Daevas se están esparciendo por todo Zimitra buscando en cada rincón las Siete Reliquias y no se detendrán hasta tenerlas.
Sus nervios se hacían notar pero pensaba una y otra vez buscando posibles soluciones sin encontrarlas. Necesitaba más información primero.
- ¿Cuál es la otra Reliquia que tienen en la mira?
- La tuya, Luna.
- ¿Qué?- gritó casi entonando un chillido-. Pero… ¿cómo lo..? ¿Cuándo..? ¿Qué?
- He descubierto algo en la ciudad capital, algo que aun no comprendo el cómo pero es seguro. La posesión militar en Feremuth de hace veinte años fue dictada por el Rey de Zimitra, Rey Farouk, con la idea base del incremento de la tecnología militar con la aplicación de la alquimia. Aun así llegar a niveles tan drásticos para “invadir” una ciudad de su propio reino no tiene sentido alguno. Supongo que conoces el por qué.
Luna había cambiado su expresión totalmente mientras esas palabras se deslizaban en su mente reviviendo memorias desagradables. Se podía notar el rencor surgir en su mirada pero se controlaba enormemente por no perder los estribos.
- El clan de los Rhazi fue prácticamente exterminado- murmuró gravemente-. No podíamos combatir en nuestra propia ciudad ya que terminaríamos destruyendo nuestros propios hogares o asesinando a los Nómadas de Feremuth que juraron protegernos siglos atrás forzándonos a cooperar con sus demandas. Los que fueron capturados eran sometidos a incontables horas a trabajar en sus experimentos y quienes caían por el cansancio o se atrevían a rebelarse eran ejecutados. Y quienes lográbamos escapar a todo esto aun así éramos cazados y ejecutados también…
- Lo cual me hizo pensar que el plan original del Rey no era tal cosa como la creación de armas de la alquimia sino algo más íntimo hacia el clan Rhazi en si. Algo que fuera más valioso que mil tropas enviadas a una ciudad armados para la guerra y tan importante como para reprimir sin piedad a su propia gente para conseguirlo.
- Mi Reliquia.
- Precisamente. Feremuth se ha vuelto en una prisión con la sola intención de exprimir la ubicación de la Reliquia de tu clan utilizando a tu propia gente como escudo para evitar una guerra civil. Pero has sobrevivido a todo esto…
- ¡Insinúas que mi vida me importa más que a la de mi gente!
- No, no, no osaría pensar tal cosa, mucho menos de una mujer con un valor tan puro como el tuyo. Fue por algo que tu clan decidió confiar la Reliquia a ti.
Luna no mostraba señal alguna de calma en esos momentos no por los comentarios que recibió sino por el hecho de que su familia había sido masacrada por su propio Rey cuya absoluta lealtad su familia siempre le tuvo. Tal traición tan cruel sólo para saciar su sed de poder no tenía perdón alguno y la idea de venganza la hubiera corroído poco a poco si no poseyera una mente fría. Entonces los Daevas regresaron a sus ideas y pensar lo peor fue inevitable.
- Los Daevas… ¿acaso el Rey se ha aliado con ellos?
El ser enmascarado guardó silencio. La respuesta era obvia pero al parecer necesitaba ser pensada antes de exteriorizarla.
- “Aliar” quizá no sería la palabra. Lo que si es un hecho es que están trabajando juntos en la búsqueda de las Reliquias pero hay algo que no encaja en esto, no tras la serie de sucesos que ha pasado en la familia real.
- ¿A qué te refieres?
- Simplemente poniéndolo la familia real está desapareciendo. La Reina ha caído enferma gravemente y aun no encuentran cura, tres de los cinco hijos han muerto en el transcurso de viajes alrededor de Zimitra por supuestos “accidentes” y otro más se encuentra desaparecido. Debido a esto el Rey Farouk se ha debilitado gravemente y se encuentra débil y sin embargo sus decisiones se han vuelto más enérgicas que antes. ¿Qué crees que quiera decir esto, Luna Rhazi?
- Es simple. Conociendo la malignidad y maquiavelismo de los Daevas están manipulando al Rey para tener acceso a toda Zimitra con inmunidad diplomática y autoridad suprema. De esta manera lo único que les queda en su camino somos los clanes. Y aun así…
- Y es por eso que no debes morir, es por eso que debes abandonar Feremuth. A pesar de que éste es tu terreno estás en completa desventaja estando sola y tu única opción es aliarte con los demás clanes. Aun si con el poder de tu Reliquia no serás capaz de sobrevivir a lo que está por venir.
Silencio. Su enigmática máscara brillaba extrañamente bajo la luz del farol a la vez que un trueno cercano partía el momento tan tenso y unas cuantas gotas de lluvia comenzaron a caer poco a poco rompiendo la armonía sobre la superficie del lago. Luna mantenía la cabeza agachada y en una sensación rápida reprimida apretó sus puños inconcientemente.
- ¿Y abandonar Feremuth? ¿Abandonar mi ciudad cuando más depende de mí? Puede que mi familia ya no esté conmigo pero ellos confiaron algo en mí más importante que una Reliquia. Me confiaron un ideal, una ilusión por la cual ellos murieron y no tengo pensado abandonarla ahora. Mientras tenga el poder de mi clan en mis manos- dijo mientras alzaba su mano derecha abierta a la altura de su rostro y la convertía en un puño rápidamente-, sea un ejército o sean mil yo permaneceré a donde pertenezco y lucharé a mi manera. ¿Comprendes eso, Anon?
- Perfectamente. Me sorprende ver que has madurado tanto en tan poco tiempo aunque, pensándolo bien, siempre has sido madura para tu edad. Ahora… el momento para la mala noticia. “¡Qué!”- explotó en la mente de Luna. No era posible que existiera algo peor que lo que le acababa de decir.
- Respecto a lo que te había dicho sobre los Daevas que comenzaban a moverse sobre Zimitra éstos han decidido enviar a uno de ellos hacia acá, hacia Feremuth. Y éste ya se encuentra en camino.
Tragó saliva. Cuando lo pensaba la noticia no era de esperarse pero aun así no había pensado en ningún momento en enfrentarse a un Daeva en un duelo de todo por el todo. Se preguntó a si misma si realmente estaba preparada para enfrentarse a su destino sola.
- … ¿cuánto tiempo?
- Siete, ocho días a lo mucho ya que está viajando con una de las caravanas del Rey. Lo poco que se sobre él es que es enviado a misiones en donde el objetivo se encuentra en su entorno y que siempre oculta su arte de combate ante cualquiera que no sea un Daeva, sea amigo o enemigo.
- ¿Por qué el haría algo así?
- Eso lo desconozco. De lo que si estoy atento son de las consecuencias a esto las cuales, reiterando sea quien sea que presencie su forma de combate, concluyen irremediablemente en su exterminación bajo la mano del Daeva.
Luna tragó saliva ante esto. Tal radicalismo para mantener oculta la identidad de su estilo sólo quería decir que a su vez ocultaba la debilidad de ellos. Entonces para sobrevivir ante el Daeva debía mantener su vida durante el encuentro para descubrir esa debilidad.
- … ya veo.
La lluvia comenzaba a intensificarse y los relámpagos se volvían más frecuentes; las dudas en la mente de Luna habían sido reemplazadas por inquietudes y un agrio sabor de boca imposible de remover. Pero no flaquearía en su decisión.
- Anon, tengo una duda más.
- ¿Y cuál sería ésa, Luna?
- Los Daevas… ¿realmente son quienes dicen ser? ¿Realmente son los supervivientes del clan antiguo?
De nuevo dudas al responder. La lluvia se había vuelto tormenta y comenzaba a pesar sobre ellos volviendo la conversación algo difícil de escuchar aun para quienes la trataban de ubicar en la oscuridad del parque.
- Realmente… tienes un mal hábito de hacer preguntas inquietantes…
Una explosión lejana seguida por un silbido ascendente, vivir tanto tiempo en una ciudad militarizada la había vuelto familiar con éste tipo de sonidos. Luna calculó el destino del misil y poniendo una gran distancia entre ella y el centro del puente fue capaz de salir inmune de la explosión. Astillas y metal caían del cielo, los faroles se habían quebrado por la presión y el puente había sido dividido en dos matando una memoria agradable más de la antigua Feremuth.
El disparo provenía de la orilla opuesta de donde ella había llegado y girando su vista hacia allá se percato de la ausencia de Anon lo cual no la sorprendió viendo que esa persona tenía una habilidad impresionante de siempre escapar en los peores momentos. Luna corrió hacia la plaza del parque lo más rápido que pudo alcanzando en poco tiempo el claro empedrado de ladrillo blanco. Sombras de militares se agitaban en las profundidades de la noche moviéndose rápidamente con armas preparadas y se dio cuenta de que ella ya se encontraba rodeada.
- No hay opción al parecer- se dijo a si misma-. Éste es el motivo por el cual me fue confiada Valentine.
Ya se encontraban cerca pero no lo suficiente como para evitar el plan que ya había trazado. Ahora sólo necesitaba agilizarse.
- Perdóname, Ori… sé lo mucho que te agradaba atrapar las palomas de aquí…
Rápidamente se acercó al primer farol y extendió sus manos de su ropa revelando claramente los guantes blancos que portaba. No eran guantes comunes. Aunque parecían ser de seda en realidad eran hilos de un metal enigmático entrelazados lo que la formaban aun así éstos eran cálidos al tacto pero a la vez eran prácticamente irrompibles. El símbolo de la familia Rhazi, una espada entrelazada por dos serpientes, se encontraba marcada en cada guante.
Unió ambas manos en una palmada perfecta y cerrando los ojos se concentró.
“Transmutación.”
Ambas manos fueron colocadas sobre el farol que al instante comenzó a deformarse volviéndose más delgado y largo volviéndose sumamente grande logrando sobrepasar la altura de cualquier árbol del parque con gran facilidad. En tan sólo unos segundos en donde antes se encontraba un farol antiguo ahora tomaba su lugar una figura metálica similar a un pináculo careciente de toda imperfección en su figura cuya masa superaba con creces a la de su cuerpo anterior.
“Utilizando el cobre que forma el cableado de la electricidad de los faroles del parque puedo darle un cuerpo mayor al que representaba antes haciéndolo tan grande como yo quiera.”
Inmediatamente después los demás faroles de la plaza comenzaron a transmutarse adquiriendo la misma figura que el pináculo frente a ella. “Y viendo que todos están conectados por el mismo cableado no tengo necesidad de tener contacto directo con ningún otro farol.”
En menos de un minuto lo que por numerosos años el dichoso parque, el último lugar de Feremuth que no poseía cicatriz alguna por la invasión del ejército se había convertido en un campo ilegible de pináculos metálicos asemejándose bizarramente a un bosque mecánico. Luna fue incapaz de contener una sonrisa un tanto demente.
- El conocimiento es… ¡poder absoluto!
Cruzando el parque tan rápido como les era posible entraron a los terrenos de la plaza como una masa ilegible de hormigas lanzándose por docenas contra su presa, guiados por una fuerza invisible. Un escuadrón rodeó el kiosco inmediatamente encontrando nada en él más que un agujero profundo en el centro tan pequeño como para que entrara en él una sola persona de pocas proporciones. En cuestión de segundos todos los escuadrones nocturnos del área se encontraban dentro del perímetro buscando vorazmente a la alquimista, armas apuntadas a la nada. Pero no había nadie ahí. - ¿Qué? En… ¡en dónde está!- gritó uno de los soldados de alto rango.
Un relámpago rasgó el cielo de tormenta tan común como cualquier otro aunque éste sonó más cercano y su luz iluminó más detalladamente el parque. Nunca tuvieron la oportunidad de razonar su situación. El cielo rugió una vez más y se partió de nuevo para liberar un relámpago sobre el campo de agujas metálicas que lo invocaban eliminando toda vida frágil en él en tan sólo un instante. Como castigo divino sobre los injustos, al final su ignorancia fue su mayor pecado.

1 comentario:

[ c e s H i ] + [ *-* ] dijo...

=O me gusto.. pero me gusta mas Cecil Crimson W. jeje

een fin.. te quiero! no puedo esperar para al rato! ^^