Pisadas lentas y tranquilas retumbaban en los pequeños pasillos de una estructura sin ventanas, venas de un cuerpo de ladrillo grisáceo apenas iluminadas por lujosas antorchas ubicadas en los techos. Una sombra alta perteneciente a un hombre encapuchado danzaba débilmente con los tenues destellos de las flamas, una escena un tanto lúgubre a contemplar.
Odiaba que lo llamaran de la total y completa nada, sobretodo cuando se encontraba dentro de su laboratorio. Era su “tiempo de recreación”, cualquier reunión que los demás Daevas realizaran no podían ser más importantes que las verdades que siempre lo esperaban para ser descubiertas, esfuerzos cuyos frutos sólo podían ser cosechados tras horas, no, días de intensas investigaciones. Ellos jamás comprenderían la trascendencia de sus esfuerzos y era por eso que los despreciaba tanto.
El pasillo comenzó a ensancharse y entradas hacia otros pasillos surgieron dando como señal de que se acercaba a una de las áreas importantes del lugar. Tras un par de minutos el hombre se encontraba tras un enorme portón de piedra, blanco y brillante como el marfil pareciendo ser imposible de abrir sin usar la fuerza de una docena de bestias. Sin embargo apenas se encontraba a unos pasos frente a éste cuando por voluntad propia cedió lentamente hacia dentro con un grave y sonoro crack. El interior era tan oscuro como todos los pasillos siendo apenas iluminado por las débiles velas de un gran candelabro dorado en el techo. El cuarto era circular y alto, tan empolvado como para suponer que no había sido utilizado desde algún tiempo considerable, con gradas de tres niveles ascendentes alrededor siendo perfecto para dirigirle la palabra a un gran número de personas desde el centro aunque en ese momento nadie ocupaba ese lugar.
- Llegas tarde, profesor- musitó una voz fría desde el interior.
Reprimiendo un gruñido de enfado se adentró con su paso habitual al cuarto percatando la presencia de ocho personas más sentadas todas en las gradas aunque, pensándolo mejor, “seres” sería lo más aplicable. El dueño de la voz fría se encontraba en la grada central frente a él y los otros dispersados en las demás gradas, ninguno demasiado cerca del otro como si fueran fieras orgullosas incapaces de compartir un mismo territorio.
Cada presencia emanaba una sensación diferente que trazaban desde el egoísmo y la maldad concentrados a niveles inconcebibles hasta la demencia e irracionalidad tan caóticas que eran incapaces de ser definidas por las mentes más brillantes. Pero entre ellas sólo una se mantenía en un equilibrio perfecto, puro, intocable por toda influencia positiva o negativa y era esa presencia la que el profesor más temía. A diferencia de los demás cuyos actos siempre podían ser predichos como perversos o destructivos eran sólo los de motivos ocultos como los de él de quienes uno nunca puede esperar nada.
Entonces se percató de la débil presencia que se encontraba una grada inferior a la del dueño de la voz que lo recibió a tan sólo unos metros a su izquierda, donde un gran bulto hecho ovillo gruñía débilmente lleno de dolor apenas iluminado por la luz del candelabro al igual que el charco de sangre a lado de él. El profesor lo reconoció de inmediato.
- ¡Xorsbew! ¿Pero qué te ha pasado?
- No te preocupes. El castigo de sus fracasos no equivale a los de su vida.
Entonces comprendió con ira la verdad detrás de esos ojos esmeralda que lo miraban con curiosidad desafiante.
- Ulquiorra, hay un límite para todo. Que seas el favorito del Señor no te otorga la autoridad de actuar como te plazca.
- ¿Oh? Al contrario.
Levantándose de la grada descendió hasta llegar al mismo nivel del profesor, elegancia agraciando sus movimientos como siempre, frialdad que asesinaba toda posibilidad de ser humano en sus facciones.
- El hecho de que él aun siga con vida demuestra que yo no actúo bajo mis propios impulsos. Da gracias de que tu creación aun posea utilidad a nuestro Señor. Toma asiento.
Furioso e incapaz de tomar acción alguna guardó sus palabras y caminó a las gradas más cercanas a la entrada teniendo a los demás lo más lejos posible, escuchando una serie de risas reprimidas entre siseos que le resultaban desagradablemente familiares. Ulquiorra se dirigió hacia el centro de la sala, ambas manos en sus bolsillos, sus pasos suaves magnificados por la amplitud del cuarto.
- Daevas- comenzó ásperamente-, supongo que saben el por qué los he llamado de esta manera tan súbita. Los Dueños han comenzado a salir de la tierra como sabandijas extrañando el sol sin lugar a donde ir ni donde esconderse, sus raíces desenterradas por nosotros. Es nuestro turno como jueces y ejecutores en esta tierra blasfemada por quienes la rondan de reestablecer el orden perdido y para eso necesitamos de aquello que debidamente nos pertenece: las Reliquias.
- Querido Ulquiorra- comenzó una voz femenina con un tono sarcástico y seductor en su voz, sentada en el lado opuesto del profesor a lado de la entrada-, siento romper tu poético discurso pero veo que estamos olvidando al enano.
Era obvio que a Ulquiorra le desagradaba tanto a esa mujer como a sus interrupciones pero debido a su naturaleza de represión era imposible distinguir el sentir a simple vista.
- El Séptimo debió ser enviado antes de tiempo ya que su objetivo fue localizado por la fuerza militar de Feremuth poniendo en riesgo la Reliquia. Puede que controlemos a esos monos armados en masas gracias a las cadenas que tenemos sobre Farouk pero nunca debemos de olvidar de sus impulsos como bestias.
- ¿Y por qué enviaste a nuestra bestia también antes de tiempo sólo para que fracasara?- atacó de nuevo con veneno en sus palabras.
- La misión de Xorsbew era la de investigar los paraderos de su Reliquia costara lo que costara, no que se enfrentara a ella directamente sin conocer sus características ni las de su Dueño.
- Para ser agentes del Destino éste tiende a darnos la espalda aun antes de comenzar, ¿no crees, Ulqui?
Ésta vez la voz era grave y áspera, inyectada de malignidad en cada palabra que se arrastraba por su boca como si clavara un puñal poco a poco disfrutando de cada sensación. El hombre estaba sentado en la última grada no muy lejos de la mujer, con una sonrisa macabra cruzando sus labios, poseedor de un aire imposible de considerar ni como amigo ni aliado en ningún momento. Y sin embargo existía un destello de elegancia masculina en él aunque más recia que la de Ulquiorra.
- Aún no hemos tomado nuestro verdadero papel, nada está decidido todavía.
- ¿Está muerto Vega?
Ulquiorra guardó silencio de inmediato con una expresión sobre su rostro aun más vacía que de lo habitual cuando el hombre que se encontraba en la grada más alta a sus espaldas se hizo notar con una voz joven, sabia y temible como ninguna otra. Emanaba una presión extraña a su alrededor como si su sola presencia volviese inferior a todo quien o que lo rodease dándole una imagen de omnipotencia divina, inclusive.
Manteniendo sus palabras en su boca por un par de segundos, Ulquiorra calculaba el efecto que éstas tendrían si las liberaba. No tenía otra opción.
- No. El Asura aun respira.
Muecas negativas se expandieron en cada Daeva. Unas, como la del profesor, expresaban un gran interés, otras impresionadas, una diferente y la última, la que se posó sobre los finos labios del joven que había acabado de perturbar a Ulquiorra, se curveó en una sonrisa de emoción pura.
- ¿Cómo es eso posible?- irrumpió una voz madura-. El Señor mismo se reveló ante él.
- ¿Quizá hay algo más que no nos hayas dicho, Ulquiorra?- cuestionó esta vez una voz joven y muerta de sentimientos.
- Nada que ustedes no puedan suponer. Genesis aún está cerca de él y eso es lo que importa. En donde esté él estará la Reliquia. Aun así, a pesar de haber sobrevivido sus fuerzas en este momento están cercanas a nulas, cualquiera de nosotros podría arrebatársela sin el menor esfuerzo.
- ¿Y el problema es?
- Los Sanjin están con él.
Otro silencio general. El ambiente se había tornado todavía más incómodo que al principio pero el joven que había acabado de hablar era el único que deseaba seguir cuestionando.
- De los tres hermanos sólo el mayor representa un valor cercano a amenaza, los otros dos son demasiado jóvenes. Y si el estado de Vega es el que tú dices sólo se necesitaría a uno de nosotros de alto rango para adquirir ambas Reliquias.
- La Señora ha ordenado que por el momento no realicemos acto alguno que concierne al Asura así que no hay punto en seguir trazando probabilidades de éxito. Más importante, tenemos dos Reliquias más ubicadas aparte de la del Séptimo las cuales debemos de recuperar de inmediato. Profesor.
Éste reaccionó sorprendido. No esperaba entrar al campo de batalla tan rápido y en ese momento se encontraba justo en medio de un experimento crucial sobre los orígenes de y la oscuridad.
- Cura a Xorsbew, contrarresta sus debilidades contra la Reliquia de los Orochi y envíalo de nuevo al desierto de Laguna. Esa Reliquia debe de estar en nuestra posesión con un margen de error inexistente. ¿Comprendes mis palabras, Daeva?
Su mirada asesina se enfocaba en él atravesando su mente y alma como una navaja afilada, reduciendo todas sus objeciones e ideas en una sola sílaba.
- … si.
Ulquiorra lo miró por un momento más antes de dirigirse hacia el hombre de voz madura que se sentaba en la primera grada a su izquierda. Mirada tranquila y a la vez llena de ambición, vestido de un chaleco azul con dos mechones de la frente peinados fijamente sobre su cabeza como dos cuernos delgados algo elegantes.
- Seymour- prosiguió Ulquiorra-, el Clan Arrean se encuentra oculto en la isla de Circe, un poco más de doscientos cincuenta millas al este de Dabris. Estarás pisando sus costas lo más rápido que te lleven tus alas.
Poniéndose de pie lentamente le dio la más leve de las sonrisas tras luego inclinarse en señal de reverencia aunque muy entre líneas se podía distinguir cierta máscara de falsedad.
- Lo que ordene la mano derecha del Señor. Partiré en este mismo momento.
Sin que nadie dijera palabra alguna Seymour cruzó el recinto lentamente y desapareció tras el marco de la entrada sin dejar de sonreír en lo absoluto, sus pasos desvaneciéndose a silencio en poco tiempo.
Las risas macabras de hacia el principio de la reunión volvieron a surgir con mayor intimidación y volumen acercándose a carcajadas molestando a Ulquiorra en más de una manera.
- ¿Existe algún motivo por el cual debas reír de esa manera, Sexto?
Sus ojos ocultos tras las gafas rojas lo miraban vorazmente pero a pesar de su monstruosidad él poseía suficiente cordura como para conocer su lugar en el mundo. Aliento frío emanando de su boca tras un suspiro, su larga lengua cruzó sus colmillos una sola vez con un gusto inexplicable.
- Nada en especial. Sólo hace una bella noche de luna allá afuera…
miércoles, 5 de noviembre de 2008
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1 comentario:
.. tarde pero seguro.. ya lo leí! jeje
me agrada....... pero quiero ver mas =p hehe accion, sangre, progreso...
nos vemos! :)
te quieroo <3
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