El viento aullaba suavemente junto con la brisa del mar, silbando en una manera armoniosa con las olas de la playa chocando una y otra vez sin fin, con una bella luna plateada brillando en la mitad de la noche. Un sol gentil para seres oscuros que sólo surgen a la superficie cuando las sombras actúan como un velo para su presencia. Y así eran dos.
Corriendo entre las sombras se encontraba un hombre vestido completamente en cuero negro, cuya edad no podía ser calculada mediante métodos simples como si el tiempo se hubiera detenido completamente para su cuerpo pero no para su mente ni para sus ojos grises y fríos. Su corto y negro cabello se ondeaba contra el viento mientras eludía con gran agilidad, más allá de la de un humano normal, todos los obstáculos naturales que encontraba. Pero aun así tambaleaba de vez en vez.
Sangre era derramada tras cada paso dejando salpicaduras espontáneas pero sin nunca esbozar una expresión de dolor, aun si el sudor y la fatiga cruzaran su cuerpo continuamente. La herida mas grande se encontraba sobre tu hombro izquierdo siendo un corte profundo que llegaba hasta el hueso, una herida que mataría a cualquier otro hombre más, sin embargo, éste mantenía su velocidad anormal con un ritmo constante. El mismo brazo sostenía un bulto de vendas blancas en forma de “L” cuya parte recta alcanzaba los seis pies de longitud, siendo este artefacto aferrado con fuerza hacia el cuerpo del hombre como si su vida dependiera de ello. Y era por ése mismo motivo por el cual corría.
Un movimiento veloz entre un arbusto cercano y su atención fue capturada, una figura abominable surgió de entre la maleza con un rugido horriblemente agudo y una mirada asesina en sus ojos plateados, garras enormes y afiladas silbando el aire a la vez que se dirigían hacia el cuello de su presa. Garras que no alcanzaron su objetivo por muy poco.
Tela meciéndose con el viento, el bulto perdió su forma a la vez que sus largas vendas la liberaban con una gracia incomparable y de ellas surgían un destello metálico que reflejó el ataque con un solo movimiento. La bestia se vio forzada a dar un paso atrás a la vez que el hombre ganaba un poco de tiempo y adquiría una posición de de defensa perfecta a pesar del estado tan desgastado de su cuerpo. Lo que él poseía entre sus manos ahora era nada más que una hoz plateada, finamente decorada con caracteres ilegibles por la ignorancia común, brillando elegantemente como cristal cortado bajo el reflejo de la luna.
La bestia era clara para él ahora. Poseía una forma levemente humana pero su cuerpo era más grande que un humano común y tendía a encorvarse un poco al punto que sus brazos mas largos de lo normal podían tocar el suelo. En vez de dedos de sus manos surgían una hilera de cinco navajas afiladas que la más larga podía alcanzar el medio metro dando por ende una muerte irremediable en caso de un golpe certero. Su cuerpo era completamente lampiño con excepción de la extremadamente larga cabellera lacia y blanca que caía sobre sus hombros hasta tocar el suelo. Su vestimenta era peculiar siendo solamente un traje de tela gruesa ajustado que lo cubría completamente con excepción de sus garras, pies y cabeza siendo él perfecto para persecuciones nocturnas. Su presa no esbozó sonrisa o pesar alguno.
- Él te envió, ¿verdad?
Siseó macabramente como respuesta pero el otro sabía lo que significaba. Colmillos surgieron de sus finos labios a la vez que una lengua morada jugueteaba entre ellos a la vez que esbozaba inconcientemente una sonrisa, saboreándose con gran deleite el trozo de carne que tenía frente a él. No había opción ante el instinto.
Trotó rápidamente hacia el herido y saltó con la agilidad impresionante de antes siendo reflejado una vez más aunque con mayor dificultad obligando al hombre a perder su posición por unos momentos, siendo la oportunidad para la bestia. O eso quiso hacerle creer él.
Con sed de sangre rasgó a la vez que rugía hacia el débil oponente dividiendo aire y… ¿astillas?
Lo que una vez ocupó el espacio de aquél hombre ahora se encontraba un gran fragmento de un tronco viejo cayendo éste en grandes trozos hacia el suelo después de haber sido atacado por equivocación confundiendo momentáneamente a la bestia… recuperando sus sentidos de nuevo cuando la fría navaja de la hoz atravesó su pecho en un instante fugaz. Surgido de entre un punto ciego de su adversario se mantenía aferrado a su arma a la vez que éste se mantenía chillando y sacudiendo su asqueroso ser violentamente.
Un momento de flaqueza, aflojó la presión que mantenía en sus dedos y la bestia se vio liberada aprovechándose del desgraciado clavando numerosas veces sus garras en el ya desfigurado cuerpo. Ya no tenía voluntad propia, simplemente se colapsó contra la fina arena a la vez que la última de sus fuerzas se escapaba de sus sentidos viéndose limitado sólo a ver de manera nublosa como la luna se hundía entre el mar.
Un silbido cruzó el aire, su plateada hoz teñida de sangre negra se hundió en el suelo cercana a dos siluetas ilegibles, temblorosas en el viento. Lo último que logró distinguir antes de caer en el profundo abismo de su mente fue el lacio cabello negro de una niña cuya mirada estupefacta encontró la suya justo en el último respiro.
viernes, 25 de abril de 2008
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