jueves, 24 de abril de 2008

Capítulo 02: La Serpiente Blanca

De polvo a arena, aun con el sol medio camino hacia el anochecer un eclipse flotaba en su lugar. La visión era casi imposible para el pequeño grupo de hombres que trataban de mantener equilibrio contra los fuertes vientos, apenas pudiendo caminar a través del desierto sin vida ahora infestado de una nube negra de polvo voraz que gritaba de un muy mal augurio por venir. O quizá ya había ocurrido.
Los nueve hombres portaban googles y largas capuchas para protegerse contra los castigos de tal ambiente y enfrente de tan valerosa caravana caminaba un joven alto y fuerte que continuamente giraba sus ojos hacia el misterioso objeto oculto en su muñeca izquierda, guiando a todos sin duda alguna. Mientras todos trataban de encontrar algo mas allá de la masa negra que los rodeaba su líder sólo miraba su herramienta secreta y ocasionalmente miraba cualquier cosa que se encontrara dos pies frente a él cuidando de no caer en un barranco o arenas movedizas.
Entonces y sin señal alguna se detuvo estirando su brazo hacia el grupo con una intención de detenerlos quienes obedecieron sin dudar.
- ¡La aldea se encuentra a un poco de mas de cinco millas en esa dirección! – gritó apenas. ¡Pero no alcanzaremos a llegar antes del anochecer!
- ¡¿Entonces qué haremos?! – respondió otro miembro del grupo con los vientos inagotables que los mecía con gran fuerza.
- ¡Hay algunas cuevas a no mas de una milla al este de aquí! ¡Así que aprieten el paso!
El grupo se miraba miserable y extremadamente agotado pero lo siguieron sin cuestionar sus decisiones. Resistiendo un par de horas de asquerosa tortura y a pesar de sus fuerzas que se disipaban rápidamente era la indiferencia e inmunidad del líder ante tales condiciones tan drásticas que les hacían seguirlo aun inclusive si ponían sus vidas a riesgo en el proceso. No estaba en su naturaleza el someterse, al parecer.
La oscuridad los cubrió completamente momentos antes de que entraran a la cueva casi invisible más cercana que encontraron. Era pequeña pero se adentraba profundamente dentro de una de las gigantes rocas de granito encontradas comúnmente en el desierto que hizo a los hombres casi reír de alegría, que probablemente lo hubieran hecho si hubieran tenido la fuerza claro está.
Una luz tenue de una vieja lámpara cobró vida mientras todos cubrían el suelo arenoso con sus cuerpos cansados, excepto por el joven que aun no cesaba de observar el artículo oculto para luego regresar a la entrada de la cueva sólo para lanzar una mirada filosa hacia el exterior y fue solo después de hacer una decisión muda cuando regreso con los otros. Quitándose los googles reveló un par de ojos amarillos brillando vivamente junto con el cabello rubio cubierto de arena haciendo su piel verse aun más pálida de lo que era, y finalmente soltando un profundo respiro se tiró contra el muro mas cercano extendiendo sus brazos a lado de él.
- Feh, eso estuvo cerca, más cerca de lo que ustedes creen. Me alegro de que ninguno se me muriera.
Otro hombre se quitó su equipo mostrando una edad mayor a la del líder y a su vez él estaba mucho mas cansado que él, respirando pesadamente le dio una mirada extraña. Usaba anteojos rotos que eran tan pequeños a comparación de su cabeza que la hacían ver como una fruta sobrecrecida.
- ¿A qué te refieres con eso? Si bien recuerdo te pagamos para que nos guiaras a salvo a través del desierto de Laguna, ¡no para que casi nos mataras con una monstruosa tormenta de arena!
Los demás concordaron con él silenciosamente mirando al líder sin irrespetuosamente quien sólo miraba aburrido a la lámpara. Entonces hizo un sonido muy peculiar con sus labios similar a un siseo con una sonrisa divertida en su rostro mirando hostilmente sin parpadear al hombre que le acababa de gritar. Le fue imposible a éste no sentir un escalofrío.
- No me contrataron para un viaje de luna de miel hacia una isla remota, ¿verdad? No, no, ustedes querían visitar la olvidada y prohibida aldea de los Sheikah que, por fortuna para ustedes, existe un hombre lo suficientemente tonto para aceptar dinero para guiar a hombres ancianos como ustedes a ese lugar. Soy un Serpiente Blanca, Doc, no un proveedor de placeres.
El doctor le lanzo una mirada asesina pero se mantuvo en silencio mientras tomaba asiento a lado de sus hombres, gruñendo palabras en el camino. El joven parecía satisfecho de jugar con él.
- Además, hay algo más que arena y polvo en esta tormenta. Si es que eso es cierto por los otros olores que percibí…
“Doc” elevó ligeramente una ceja a su comentario. Como un historiador de prestigio todo dato por muy pequeño que fuese contaba aun si provenían de un cretino como ese hombre.
- ¿A qué te refieres?
Siseó de nuevo. Era obvio que había hecho eso a propósito y que después demandaría algo a cambio pero era inevitable.
- Cenizas… cenizas cálidas volaban junto con la arena. Y juzgando por la dirección del viento venían del norte, casualmente en donde el Clan Sheikah se encuentra… ¿o quizás encontraba?
Una expresión de horror apareció en el rostro del historiador obligándolo a ponerse de pie.
- ¡No puedes estar hablando en serio! Las historias de los Sheikah dicen…
- No sería más feliz que contarles mas acerca de los eventos malditos que han estado ocurriendo en estas arenas últimamente, por un pequeño precio claro está. Pero primero que nada Doc, ¿qué han escuchado sobre los X Daevas?

No hay comentarios: