viernes, 25 de abril de 2008

Capítulo 05: Ira Contra El Viento

El esfuerzo se volvía mayor con el pasar de los segundos pero aun así Cecil era incapaz de liberarse de su tan simple prisión. Guardaba silencio pero dejaba que su mirada asesina hablara por ella, elevando su calor corporal a tal punto que su piel ardía alarmantemente. Irv se mantenía en el suelo agachado, llorando inconsolablemente, incapaz de alzar la mirada.
- Es inútil- respondió su opresora con tono de indiferencia en su voz al ver que todos sus esfuerzos eran en vano-. Suelta la hoz y tal vez considere liberarte, ¿va?
Emitiendo un sonido ilegible de rechazo total su ira comenzó a manifestarse en su rostro deformándose en una mueca aterradora, casi bestial. La hoz comenzó a vibrar levemente pero a una gran velocidad, chillando agudamente que aturdía los oídos de la oponente de su poseedora.
- Libérame… déjame… ¡destajarte!
Líneas de humo negro comenzaron a emanar de la navaja de la hoz cubriéndola completamente, girando alrededor de ella a gran velocidad creando figuras ilegibles, volviendo los chillidos metálicos a gritos humanos a la lejanía. El ojo azulado logró reconocer su significado antes de la inminencia.
“¡¿Vitae?!”
Las líneas de humo se unieron en una sola manifestación corpórea y a una velocidad incalculable ante el ojo humano se disparó como un arma de fuego contra la enemiga. La explosión de impacto resonó como un cañón pequeño, aun así lanzando a Cecil contra el suelo a lado del ahora gritando Irv y levantando arena a unos cuantos metros de altura.
No logró escuchar nada por unos cuantos segundos y su cuerpo pesaba enormemente como si tal despliegue de energía hubiera provenido de ella misma, costándole mucho ponerse de rodillas al menos y reconocer la consecuencia de sus actos. Donde antes estuvo la mujer ahora yacía un cráter algo profundo en la arena pero sin rastro alguno de ella. El razonamiento de Cecil se encontraba demasiado nublado desde que obtuvo la hoz pero aun así era suficiente como para darse cuenta que el ataque había fallado. Intuitivamente giró su mirada alrededor.
- ¡Cerca!
Y ahí estaba, sonriendo ampliamente con su ojo bien abierto de asombro, sobre una gran duna a más de treinta metros de distancia de Cecil imposibilitándola de toda explicación lógica. Era imposible que alguien consiguiera recorrer ese espacio en tan poco tiempo al igual que alguien pudiese esquivar el disparo estando tan cerca. Sus vestimentas, ahora fáciles de reconocer a comparación de la antes incómoda posición, eran curiosas siendo estás un chaleco holgado y corto, pantalón muy ajustado de tela delgada y un par de zapatos elásticos de bota alta siendo todo blanco. La ira comenzaba a regresar de nuevo.
- ¡Lamento decepcionarte pero eres demasiado leeeeeenta! ¿Quieres intentarlo de nuevo?
Pero antes de que terminara de decirlo Cecil estaba de pie de nuevo con la hoz ya invadida por el humo siendo apuntada hacia la mujer. Irv ya no existía en su realidad, sus llantos llegaban a oídos sordos ahora. Todo lo que deseaba, lo que más deseaba en ese momento era terminar con esa arrogancia, esa molesta sonrisa y esa mirada tan penetrante de ese ojo solitario. No más burlas.
El disparo fue más potente y más veloz al anterior, desplegando líneas negras sobre la arena mientras surcaba vivamente sobre ellas. Lo último que Cecil alcanzó a distinguir antes de la gran explosión fue la amplia sonrisa de la joven, irónica y expectante a la vez, segundo después viéndose oculta entre grandes nubes de arena y líneas de humo negro. Ya no había duda alguna, ella se había deshecho con esa explosión, fuese lo que fuese nada podría esquivar ese disparo mucho menos si se encontraba a tan sólo escasos centímetros del rostro. Sonrió satisfecha mientras el cansancio invadía su cuerpo completamente, obligada a reposar la hoz sobre la arena. Y el viento sopló.
Un potente bang, la mujer emparchada surgió de la nada frente a ella con su tan maldita sonrisa acompañándola junto a un puño bien cerrado arriba de su nuca. Ni siquiera hubo tiempo para sentir asombro.
El golpe explotó sobre su mejilla despegándola del suelo y arrojándola a varios metros de distancia, sus dedos ahora olvidados por la fuerza resbalando ante el cuerpo de la hoz. Rebotó una vez, rodó aun más y cuando su cuerpo finalmente se detuvo ya nada era legible ni siquiera la fría arena que apoyaba su pesado ser. La conciencia abandonó su mente junto con la ira y se dejó invadir por la nada, aun cuando no tenía otra opción.
* * * * * *
Suspiró satisfecha al ver el ahora inerte cuerpo de la niña y estiró su cuello haciendo tronar más de un hueso. No era su gusto golpear personas con tantas desventajas contra ella pero viendo las circunstancias no tenía otra opción.
Redirigió su mirada ahora ante la hoz clavada elegantemente sobre la arena, silbando con el viento que la recorría. Entonces todo su cuerpo comenzó a brillar cubierto por una luz blanca, casi cegadora obligando a la joven a medio cerrar su ojo. El cuerpo del arma se deformó, comenzando a encogerse y un segundo después la luz desapareció revelando su nueva forma. Una katana fundada, majestuosa y blanca como nieve se mantenía clavada en la arena en donde antes estuvo la hoz. La joven sonrió de nuevo.
- Estás perdiendo el estilo, Sora. Antes no te hubieras demorado tanto.
Sora giró ante dos hombres que se acercaban a la lejanía, siendo revelados por la luz de la luna. El que habló era mayor de edad que ella, alto, poseedor de ojos azules oscuros acompañados de una mirada seria, cabello lacio como el de Sora pero con un color rubio claro recogido en una cola. El que lo seguía era menor de edad que los otros dos, no tan alto como su acompañante pero más alto que Sora, con una expresión jovial en su rostro, ojos amarillos brillantes y expectantes, cabello rubio oscuro, corto y picudo. Ambos usaban ropas similares a las de la joven pero el mayor usaba un chaleco largo, guantes de cuero y vestimentas grisáceas mientras que el menor no tenía chaleco siquiera, poseía un solo guante en su mano derecha y sus ropas eran negras. Se detuvieron frente a ella siendo ésta poseída por una expresión de enojo en su rostro el cual hizo caso omiso el mayor. - Ahora se útil y despierta a Vega, ¿quieres?

1 comentario:

[ c e s H i ] + [ *-* ] dijo...

Me agrada, como siempre.. sigue escribiendo como hasta ahorita.. solo que más seguido... cuidate, te quiero ^^


Como Aguja En Un Pajar